domingo, 3 de mayo de 2015

Felicidad

La  Felicidad


La felicidad ha sido un tema de interés para los seres humanos. En diferentes épocas los pensadores se han acercado para escudriñar los aspectos que acompañan a la felicidad, a veces con el propósito único de conocerla, describirla,  en otros momentos para señalar de qué manera se puede alcanzar. Aparecen entonces preguntas como: ¿Qué es la felicidad?, ¿Cómo se consigue la felicidad? o ¿Cómo se mantiene la felicidad?
El responder estas preguntas lleva a entender que existe una concepción de la felicidad y como toda concepción va a estar influenciada por el contexto situacional y temporal. Estas dos dimensiones enmarcan la felicidad de acuerdo a una época y a unas coordenadas geográficas, pero estas dos dimensiones, a su vez, hacen emerger una tercera  que tiene que ver con el conocimiento o forma de pensar, influido por los factores del momento socio histórico que se esté desarrollando.
Así mismo, las respuestas a  estas preguntas tienen que ver con descripciones, métodos y procedimientos. Descripción de acuerdo a la concepción de la felicidad, métodos para conseguirla y procedimientos o acciones para mantenerla.
Con el propósito de dibujar el “Mapa” mundial de la felicidad, desde 1981 hasta el año 2007, el Instituto de Investigación Social de la universidad de Michigan realizó un estudio de diseño longitudinal el cual tuvo como objetivo estudiar la percepción acerca de la felicidad que tenían los habitantes de 98 países. Para esto, Ingelhart, a la manera de Sócrates también preguntó por las “plazas” de mundo, a sus coterráneos, acerca del problema de la “vida buena” preguntó acerca del modo actual de vida y el que ha llevado en el pasado. El cuestionario estuvo constituido por dos preguntas sencillas:
1.           "Considerando todo en general, ¿Diría que es usted feliz, bastante feliz, no muy feliz, o nada feliz en absoluto?"
2.            "Considerando todo en general, ¿cómo de satisfecho está con su vida tal y como es en la actualidad?". Totalmente satisfecho, poco satisfecho o nada satisfecho.
En la última recolección de datos con 350.000 personas resultó que los habitantes más felices son los  de  Dinamarca, entre las características sociales de este país están que: posee democracia, igualdad social y clima social pacífico; mientras que Zimbawe ocupa el último lugar de la lista, este país se encuentra inmerso en continuos conflictos políticos y sociales. Inglehart, Foa, Peterson y Welzel (2008) señalan que el factor determinante más importante de la felicidad en nuestros días, es la paz sociopolítica, parece existir una fuerte correlación entre la paz y la felicidad.
Se entiende esta paz por la disminución de conflictos sociales y el aumento en la calidad de vida.
Por otra parte, los datos indican que, en general, el mundo es cada vez más feliz, ya que en 98 de los países analizados desde el inicio del estudio se ha registrado un aumento acerca de la percepción de la felicidad desde 1981 hasta 2007.
Ronald Inglehart, científico político del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan y director de este trabajo asegura que “el determinante más importante de la felicidad es la proporción en la que la gente tiene libertad de elección en cómo vivir su vida y la capacidad para atender sus necesidades”.
Así mismo Easterlin en el 2010, plantea la paradoja de la felicidad y los ingresos del país, encontró que en el corto plazo, en los tres grupos de países investigados, la felicidad y los ingresos van de la mano, es decir, la felicidad tiende a caer en las contracciones económicas y el aumento de la felicidad ocurre durante los períodos de expansión económica.
De estos resultados se podría definir la felicidad  como un estado de ánimo de satisfacción, que se logra con la posesión de  bienes para asegurar  el disfrute de la calidad de vida en paz y libertad. La felicidad según este argumento se encuentra ligada al sistema económico y sociopolítico del Estado. En este caso ligado a los indicadores socioeconómicos lo que se denomina como calidad de vida o  el bienestar.
Las diversas morales “materiales o concretas” consideran la felicidad como el supremo bien. La felicidad consiste en la posesión de tal bien, cualquiera  que este bien sea. (Ferrater, 1979)
Si se continúa con la revisión de lo relacionado con la felicidad se encuentran diferencias en comprender cual es el bien supremo. En el  siglo V A.C., Sócrates sustenta que la felicidad o la vida buena se caracteriza por una adhesión inquebrantable a la justicia, señala que “vivir a toda costa es vivir bien, y sólo vive una vida buena y feliz quien está dispuesto a morir con tal de no cometer injusticia”.
Así mismo Sócrates exhorta a la virtud porque la virtud es el bien supremo, para el ser humano sin la cual se puede ser feliz. Para Sócrates no existe felicidad, sin virtud; la virtud es entonces la condición suficiente y necesaria para ser feliz.
La virtud la relacionaba con el conocimiento, según su cognitivismo moral, “no se puede hacer lo justo si no se lo conoce y al tener el conocimiento es imposible de dejar de hacer lo justo”. Para hacer que una persona sea virtuosa y pueda obtener la felicidad se le debe enseñar en que consiste la virtud verdadera. Sócrates sostenía que toda persona tiene conocimiento pleno de la verdad última dentro de su alma, sólo necesita ser estimulada para hacer conciencia de ese conocimiento. El procedimiento que consideraba para lograrlo es la mayéutica, el cual consiste en aplicar el diálogo como instrumento dialéctico para llegar al conocimiento que todos los seres humanos poseen de forma innata.
Aristóteles insistió en el carácter contemplativo de la felicidad en su grado eminente, o sea en la beatitud, dio a la felicidad una noción más extensa, definiéndola como «determinada actividad del alma desarrollada conforme a la virtud», la cual  incluye, la satisfacción de las necesidades y de las aspiraciones mundanas. Según Aristóteles, las personas felices deben poseer las tres especies de bienes, especies que se pueden distinguir según sean bienes externos, del cuerpo y del alma. Pero las personas deben tener responsabilidad por su propia existencia. Cada ser humano merece tanta felicidad según la virtud, sentido y capacidad de obrar que posea; por lo tanto el sabio que se basta a sí mismo con mayor facilidad tendrá de forma más accesible a la felicidad.
La ética posaristotélica se ocupa, en cambio, exclusivamente de la felicidad del sabio; la precisa división que los estoicos formulan entre sabios e insensatos hace, en efecto, obviamente inútil ocuparse de estos últimos. El sabio es el que se basta a sí mismo y que, por lo tanto, es el único que encuentra su felicidad o más bien su beatitud.
Para Plotino la felicidad es la vida misma; por lo tanto, todos los seres vivientes animales y plantas, pueden alcanzar la felicidad. Pero la felicidad pertenece en el grado más importante a la vida más completa y perfecta que es la de la inteligencia pura. Es el sabio, en quien se realiza tal vida, es un bien por sí mismo y no tiene necesidad más que de sí mismo para ser feliz, no busca las otras cosas o, por lo menos, las busca sólo por ser indispensables a las cosas que le pertenecen (por ejemplo, al cuerpo) y no a él mismo. La felicidad del sabio no puede ser destruida ni por el fracaso, ni por enfermedades físicas y mentales ni por ninguna circunstancia desfavorable, como no puede ser aumentada por las circunstancias favorables por lo tanto, es la misma beatitud de que gozan los dioses. (Abaggnano 1961)
Para Platón la felicidad es posible cuando se reconoce la obra de dios,  parecerse a dios a través de la sabiduría. La virtud del conocimiento está en saber que es lo que realmente es bueno, esto no es relativo sino absoluto, ya que de otra manera no podría ser objeto de conocimiento. La felicidad es la capacidad que tiene el alma para cumplir con su deber, el cual es dirigir al hombre de la mejor manera posible. Este concepto hace referencia a la situación del ser humano en el mundo y a los deberes que le competen.
El culto religioso y la virtud son los medios para conseguir la felicidad ser bueno y feliz, es ser virtuoso. Estas ideas fueron sustentadas por los filósofos de la edad media,  como Santo Tomás quien se apropia de la doctrina aristotélica y la extiende a la generalidad de todos los seres humanos.
San Agustín sustenta la felicidad como la posesión de dios, es la posesión de lo verdadero absoluto. También para San Buenaventura la felicidad está relacionada con un fin último la consumación del recorrido que lleva el alma a dios. La felicidad es conocimiento, amor y posesión de dios. Santo Tomás usó el término beatitudo como equivalente al vocablo felicidad  y lo definió  como «un bien perfecto, de naturaleza intelectual». La felicidad no es simplemente un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario la felicidad no estaría ligada a un bien verdadero (Ferrater, 1979).
La felicidad no es simplemente un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario la felicidad no estaría ligada a un bien verdadero.
A pesar de las diferencias en el tratamiento de la felicidad que presentan los filósofos antiguos medievales y modernos, también tienen algo en común y es que consideran la felicidad como un bien en si mismo, sino que para saber lo que es la felicidad hay que conocer el bien o los bienes que la producen.
Aún los autores que establecen la felicidad en un estado de ánimo, independiente de los bienes, concluyen que no puede definirse la felicidad sino se define cierto “bien” por muy subjetivo que este sea. Uno de estos autores es  Kant, quien considera que la felicidad es la satisfacción total de las inclinaciones individuales, estas inclinaciones son determinadas por la constitución psicofísica del individuo. Por lo tanto serán innumerables las inclinaciones y no puede haber consenso acerca de un saber universal sobre el bien del hombre, la felicidad para cada ser humano es una cuestión empírica y no filosófica. Kant destaca  claramente este punto al manifestar en la Crítica de la razón práctica que la felicidad es «el nombre de las razones subjetivas de la determinación» y, por tanto, no es reducible a ninguna razón particular.  Es la condición de un ser racional en el mundo, la cual en el transcurso de su vida, todo resulte de acuerdo a su deseo y voluntad. Por lo tanto considera imposible usar la felicidad como fundamento de la vida moral.
 Kant declara imposible la felicidad y esta es remitida a un mundo inteligible que es «el reino de la gracia» (Crítica Razón Pura). Este autor  tuvo el mérito de enunciar, en primer lugar, de modo riguroso la noción de felicidad y, en segundo lugar, el de demostrar que tal noción es empíricamente imposible, o sea irrealizable. (Abaggnano, 1961).
A partir del Humanismo, la noción de felicidad comienza a ligarse estrechamente, como lo estuvo en el pasado, con la de placer. Sobre ella concuerdan Locke y Leibniz. Locke dice que la felicidad «es en su grado máximo el más grande placer de que seamos capaces y la desgracia, el dolor mayor; y el grado mínimo de lo que llamamos felicidad es ese estado en que, libres de todo dolor, se goza de un placer presente en grado de no poder satisfacernos con menos». Y Leibniz: «Yo creo que la felicidad es un placer duradero, lo que no podría suceder sin un progreso continuo hacia nuevos placeres» (Abaggnano, 1961).
Hume le da un sentido social a la  noción de la felicidad como placer: la felicidad resulta placer que se puede difundir, el placer para el  mayor número de personas, y de esta forma “la noción de felicidad se convierte en la base del movimiento reformador inglés del siglo XIX”. (Op.cit)
Bentham acepta como fundamento de la moral, el planteamiento de Beccaria ”la máxima felicidad posible para el mayor número de personas. Este planteamiento que fundamento las ideas de James y Stewart Mill, esto le da mayor importancia al carácter social de la felicidad. La felicidad pasa a depender de condiciones y circunstancias el ser humano sociable. En la cultura inglesa y de Norteamérica, este concepto de felicidad ha sido la base del liberalismo moderno.
Tratar de entender la felicidad desde los autores pasando por los filósofos griegos, que hablaban de la eudamonía como un estado deseable al que sólo se puede aspirar a través de una vida virtuosa calificada como tal desde un sistema de valores, hasta el tratamiento que da la psicología social sobre los aspectos del buen vivir  traducido en indicadores socioeconómicos e individuales. Esta visión permite una reflexión “a todos nos interesa ser felices”, (porque nadie quiere ser infeliz, obviamente),  existe entonces la preocupación por la felicidad. La búsqueda de la felicidad parece ser lo más generalizado en la humanidad. Al respecto Comte-Sponville (2001) señala que el fin de la filosofía es una práctica discursiva que tiene a la vida como objeto, a la razón como medio y  a la felicidad como objetivo. Se trata entonces  de pensar mejor para vivir mejor…Entonces tendré que filosofar para  ser feliz.
 Las peguntas con las cuáles inicié ¿Qué es la felicidad?, ¿Cómo se consigue la felicidad? o ¿Cómo se mantiene la felicidad?, están imperturbables esperando respuestas.
A modo de corolario, una frase encierra la esencia del pensamiento de un autor, a continuación algunas frases que se refieren a la felicidad.


La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense

La felicidad  consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
Thomas Chalmers (1780-1847) Ministro presbiteriano, teólogo, escritor escocés.

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Jean Paúl Sartre (1905-1980) Filósofo y escritor francés.

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
Henry Van Dyke (1852-1933) Escritor estadounidense

La felicidad es la certeza de no sentirse perdido.
Jorge Bucay (1949-?) Escritor y psicoterapeuta argentino

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
Víctor Hugo (1802-1885) Novelista francés

Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta.
Sócrates (470 AC-399 AC) Filósofo griego.

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…
Groucho Marx (1890-1977) Actor estadounidense

No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera de origen albanés naturalizada india

Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego

Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
John Locke (1632-1704) Filósofo inglés.

La felicidad es una estación de parada en el camino entre lo demasiado y lo muy poco.
Channing Pollock (1880-1946) Dramaturgo estadounidense

La verdadera felicidad consiste en hacer el bien.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Immanuel Kant (1724-1804) Filosofo alemán.

La felicidad del cuerpo se funda en la salud; la del entendimiento, en el saber.
Tales de Mileto (624 AC-546 AC) Filósofo y matemático griego

Nunca, en verdad, vacilé en la convicción de que la felicidad es la prueba de toda regla de conducta y el fin de la vida.
John Stuart Mill (1806-1873) Filósofo y economista inglés.







REFERENCIAS


Abaggnano, N. (1961) Diccionario de filosofía. México: Fondo de Cultura Económica.

Comte-Sponville, A. La felicidad, desperadamente (2001). España: Paidós

Easterlin, R. (2010, Diciembre). Paradoja de la felicidad y el progreso económico. Pinas. 107(52),  22463-22468.

Ferrater, J. (1979). Diccionario de filosofía. Madrid: Alianza.

Inglehart, R., Foa, R., Peterson, Ch y Welzel, C. (2008, July) Development, freedom and rising happiness: A global perspective (1981 – 2007). Perspectives in Psichological Science, 3, 264 – 285.









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